Aún recuerdo a mi padre haciendo fotos con su máquina.
No recuerdo la marca (Me suena Contaflex), aunque estoy
seguro de que el objetivo era Zeiss-Ikon.
La distancia se medía con un metro o se ponía a infinito y
ya está.
Recuerdo que me enseñó cómo funcionaban los filtros de color
para fotos en blanco y negro.
“Si pones el filtro
rojo las nubes salen mejor”
Cuando, después de casado, fuimos a las Canarias en 1975 nos
compramos una cámara Yashica de objetivo fijo.
Era un 50 mm y recuerdo que era muy luminoso.
Por desgracia la perdimos, años más tarde, estando de
“caravaning” en Noruega.
Entonces nos compramos la primera cámara seria. Una Nikon de
las de 35 mm. Era una F-401S con dos objetivos; un 35-70 y un fabuloso 70-200
f/4 de focal continúa.
Hice muchas fotos magníficas con esa cámara.
En el año 2002 me regalaron una Sony Cybershot DSC-F717 de 5
Megapíxeles. Qué maravilla de cámara.
Hacía fotos a oscuras. ¡Enfocaba sola! Y en modo automático ¡siempre salían
bien las fotos!
Así hasta el año 2005, cuando cambié la antigua Nikon de 35
mm por otra digital.
Una D50 con objetivo SIGMA 18-200.
He hecho miles de fotos con esa cámara y nunca me ha
fallado. Incluso después de casi ahogarse en un diluvio que nos pilló en
Dubrovnik.
La tuve que secar con un secador de pelo y muchísimo cariño
hasta que, por fin, resucitó.
Reconozco que, hasta hace muy poco, siempre la llevaba en
“automático” y dispara por aquí, dispara por allá.
Sólo encuadrar y disparar. A veces, haciendo un exceso,
seleccionando uno de los programas de la máquina (Macro, Paisaje, Contraluz…)
Es ahora, que he aprendido un poco más, que la llevo casi
siempre en “A” (Prioridad a la
apertura) e intentando ser un poco más creativo.
Ahora, que tengo tiempo, a leer blogs de fotógrafos,
artículos técnicos y a aprender lo que tendría que haber aprendido mucho antes.
Pero ya dicen que “Nunca
es tarde…”






No hay comentarios:
Publicar un comentario