Por la parte italiana se llega desde el pueblo de Breuil-Cervinia y por la alemana desde Zermatt.
Primero decidimos hacer una parada en el pueblo de Aosta, que se llama así en honor del Emperador Augusto, que hizo construir un arco triunfal.
Tiene otras ruinas romanas y mucho encanto.
El Ayuntamiento, de estilo neoclásico.
Y una pequeña Catedral
Y las tiendas de la artesanía típica de la zona
El siguiente paso es llegar a Breuil – Cervinia, también con un encanto especial y desde donde se divisa El Cervino
Desde allí se puede subir al “Plan Maison” con un teleférico. Allí te avisan de que estás en la frontera entre Suiza e Italia.
Las vistas durante la subida son fantásticas.
Después se sigue subiendo hasta el “Plateau Rosa”, donde está el refugio de los Guías del Cervino. A cero grados y con una espesa niebla.
Nada mejor que poder comer allí un menú tradicional de la zona, Polenta con queso Fontina y embutido Aostano.
En un momento en que se destapó un poco el día pudimos ver la montaña.
Al bajar pudimos disfrutar del pueblo de Cervinia
Con esto se acaba esta entrada.
Hasta la próxima entrada.
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